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Landing page que convierte

Una landing page no es una página cualquiera: es la puerta de entrada donde un visitante se transforma en cliente…

En el marketing digital, la landing page es una de las herramientas más poderosas. A diferencia de una página tradicional, tiene un objetivo único: convertir. Puede ser conseguir que alguien deje su correo, descargue un e-book, compre un producto o se registre en un evento. Pero para lograrlo, debe cumplir ciertas reglas básicas de diseño y redacción que marcan la diferencia entre el éxito y el abandono.

La primera regla es la claridad del objetivo. Una landing no debe dispersar la atención con múltiples botones o enlaces: debe guiar al visitante hacia una única acción concreta. Por eso, lo primero que define la estructura es el Call To Action (CTA), el famoso botón que invita a “Comprar ahora”, “Suscribirse” o “Descargar gratis”.

El titular principal debe ser breve, directo y persuasivo. Igual que en un artículo, entre cuatro y seis palabras, con mayúscula inicial y en negrilla, generando curiosidad y mostrando valor. Ejemplo: Tu curso inicia hoy.

El subtítulo o resumen cumple el papel de enganchar. Es un texto corto, en cursiva, que explica la promesa o el beneficio central. Aquí no se trata de dar todos los detalles, sino de seducir al lector con la solución que ofrece tu marca…

El cuerpo del texto debe estar redactado en Arial 12, justificado, mínimo 400 palabras, resaltando en negrilla los beneficios clave, eliminando adornos innecesarios y utilizando un lenguaje sencillo. La estructura más usada sigue el patrón problema → solución → beneficio → acción.

Además, toda landing page efectiva debe incluir:

  • Imágenes o videos relevantes, de alta calidad, que refuercen el mensaje. Evita las fotos genéricas que no aportan credibilidad.
  • Beneficios claros en listas o bullets que permitan escanear la información rápidamente.
  • Pruebas sociales, como testimonios, logotipos de clientes o estadísticas, que refuercen la confianza.
  • Diseño minimalista y responsivo, que se adapte a móviles y no distraiga con colores o elementos innecesarios.

Un error común es sobrecargar la landing con demasiada información o enlaces externos. Recuerda: cada elemento debe estar alineado con el objetivo principal.

Por último, mide y optimiza. Usa herramientas como Google Analytics o Hotjar para ver cómo interactúan los usuarios. Una landing no es estática: es un espacio vivo que mejora con cada ajuste.

Si aplicas estas reglas, no solo crearás una página bonita: construirás una máquina de conversión que convierte curiosos en clientes fieles.


Fuentes de consulta

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Seudónimo: Profe Digital Academy
Red social: Instagram

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